domingo, 22 de agosto de 2010

¿La culpa? Es siempre del otro...


Resulta triste ver a esposos, o a amigos y conocidos, que caen en esa lógica del “tú tuviste la culpa” o del “te lo había advertido y no me hiciste caso”

En familia, en el trabajo, entre conocidos, es fácil que surjan reproches e incluso afrentas sobre los errores y culpas de los demás.

“¿No fuiste tú quien dijo que el niño no fuese a clases particulares de inglés? Ahora no te quejes si suspendió el examen”.

“¿Vuelves a dar tu opinión cuando nadie te la ha pedido y ayer te equivocaste más de tres veces?”

“¿No te he dicho mil veces que apagues la luz al salir de la habitación?”

“¿Es que buscas siempre salirte con la tuya a la hora de decidir dónde vamos de vacaciones?”

“¿Tengo que recordarte que fuiste tú quien eligió esa computadora que nos ha causado tantos problemas?”

“¿Y encima te quejas de las goteras del techo cuando te dije una y otra vez que ese material no era seguro?”

Los ejemplos pueden multiplicarse casi hasta el infinito. Detrás de muchos de esos reproches se esconde un esquema mental muy sencillo: 1. Algo no va bien o se ha cometido un error en el pasado. 2. La decisión fue tomada por el otro (o bajo presión del otro). 3. El otro perdería, entonces, su derecho a quejarse; le toca simplemente asumir su culpa.

Estos tres puntos (o parecidos) suelen ir acompañados por una idea implícita o explícita: 4. Por lo tanto, ahora me toca a mí tomar las decisiones, y a ti te toca guardar silencio y someterte.

Es posible que los puntos 1 y 2 sean verdaderos. Pero si el otro fue el responsable de una decisión equivocada, o de una decisión buena que al final, por factores imprevistos, dio un mal resultado, ello no significa que ese otro haya perdido sus “derechos” a opinar, a dar ideas, a participar activamente en las mil decisiones de la vida familiar.

No resulta fácil, de todos modos, evitar este tipo de situaciones. Quien se siente inocente, quien cree no haber sido la causa de ciertos males, puede caer en actitudes impositivas, con las que busca dominar a la otra parte, o, en algunos casos, con las que pretende “vengarse” y humillar a quien se equivocó (o a quien es acusado falsamente de culpas que no existen).

Pero ese tipo de actitudes hieren y envenenan la convivencia. En primer lugar, aumentan el dolor y la pena de quien se ha equivocado, o la rabia de quien es inocente y se siente acusado por falsedades. En segundo lugar, dañan también a quien toma actitudes de verdugo que se autodeclara como dotado de “derechos” para condenar y castigar (aunque sólo sea de palabra) al otro.

Resulta triste ver a esposos, o a amigos y conocidos, que caen en esa lógica del “tú tuviste la culpa” o del “te lo había advertido y no me hiciste caso”. Son personas que se hieren (a veces mutuamente: la parte herida también puede reprochar errores a la parte que ha empezado un ataque frontal), que se distancian en lo más íntimo de sus corazones, que llegan a vivir como enemigos bajo el mismo techo.

Lejos de esa la lógica del reproche y de las quejas, hay esposos y amigos que buscan analizar, juntos, lo ocurrido, con serenidad y paz. Descubren así tanto los aciertos (que los hay) como los errores. Ante los errores objetivos, tienden la mano a quien se ha podido equivocar para que no se sienta aplastado por su culpa. Al mismo tiempo, buscan aprender desde lo ocurrido para orientar las decisiones futuras de la mejor manera posible.

Siempre es posible aparcar rencores y pensamientos según los cuales “la culpa es siempre del otro” para sentir la dicha y la paz de quien reflexiona y actúa como corresponsable (a veces uno ha tenido su parte de culpa en un pequeño o grande descalabro familiar) y, sobre todo, como auténtico amigo, como esposo o esposa enamorado, como quien desea levantar y ayudar a los demás.

Así actúa Dios, hasta el punto de perdonar tantas culpas y pecados de los hombres. Así podemos actuar también nosotros si dejamos de echar en cara, una y otra vez, a los demás sus errores y sus caídas, para, juntos, avanzar como familia, como amigos, como hermanos, como miembros de sociedades que pueden ser un poco más buenas y más unidas gracias al esfuerzo de corazones comprensivos y promotores de paz y de amor.
Asumamos pues la responsabilidad que nos corresponde en cada uno de nuestros actos y asi creareamos un entorno lleno de amor y de paz, que es precisamente lo que necesita nuestra alma, nuestros amigos, nuestras parejas, nuestros hermanos, nuestros padres, nuestros hijos y nuestros mundo. Pongamos la primer piedra.

lunes, 16 de agosto de 2010

¿Que piensas?


Todo el sistema universal se mantiene unido por el amor, la armonía y la cooperación. Si utilizas tus ideas de acuerdo con estos principios, podrás superar cualquier obstáculo que se interponga en tu camino.

Tú no eres un ser humano con una experiencia espiritual. Eres un ser espiritual con una experiencia humana.

Los pensamientos debidamente nutridos e interiorizados serán una realidad en tu mundo físico. Los pensamientos tienen un poder extraordinario.

Sólo podemos dar a los demás lo que tenemos dentro de nosotros. Todo tu comportamiento es el resultado de los pensamientos que lo han precedido.

Cualquiera que sea la pregunta, amor es la respuesta.

La acusación es un curioso artificio que puedes utilizar siempre que no quieras cargar con la responsabilidad de algo en tu vida. Úsala y evitarás todo riesgo pero impedirás tu propio crecimiento.

Nadie puede crear odio ni angustia dentro de ti. Sólo tú puedes hacerlo en virtud de la manera como manejas tu mundo.

Asume el compromiso personal de hacer lo que quieras y querer lo que hagas.

Si la oración significa que tu hablas con Dios, la intuición es Dios que te habla a ti.

Escucha aquellas señales de tu interior que te ayudan a escoger lo correcto. No importa lo que piense cualquier otro.

Confía en tus voces intuitivas y síguelas.

Amor sagrado quiere decir amor tal como es, incluso si tú no comprendes su sentido más profundo.

El comportamiento es un barómetro de lo que eres, mucho mejor que las palabras. Hacer lo que amas, es la primera piedra de la abundancia en tu vida.

El conflicto es una violación de la armonía. Si tú participas en él, eres parte del problema, no la solución.

No dejes que las emociones te inmovilicen. Míralas como elecciones que has hecho. Cada punto a lo largo del camino, es un lugar donde has debido estar antes, para estar ahora aquí.

La Independencia es la ausencia de la necesidad de estar atado a alguien o a algo. Es una manera de pensar y de ser que nos da la libertad de discurrir por la vida.

La Independencia es el único vehículo disponible para llevarte del esfuerzo a la llegada. Haz lo que quieras, a menos que interfieras el derecho de alguien más a hacer lo mismo. Esto define la moralidad.

Hasta que aprendas a perdonar estarás atrapado emocional y físicamente.

Me llenaré de amor y lo proyectaré en el mundo.

La forma en que los demás me traten a mí, es parte de su conducta, la forma en que yo reaccione, es parte de la mía.

En el mundo del pensamiento puro, no hay fronteras y por lo tanto no hay límites.

Te recomiendo que seas gentil contigo mismo y te ames incondicionalmente, con independencia de lo que se interponga en tu camino.

Tú eres la suma total de todo lo que has escogido hasta este momento.

No siempre puedes controlar lo que pasa fuera, pero sí puedes controlar siempre lo que pasa dentro.

Da simplemente por dar y deja que circule puesto que vuelve.

Llénate de amor para todos. Observa el desdoblamiento de Dios en cada uno que encuentres, incluso en aquellos a quienes te han enseñado a rechazar.

La lucha debilita, mientras que la armonía fortalece y da poder. La armonía llega a tu interior a través de tu mente.

El predecesor de toda acción es el pensamiento.

El vituperio es la excusa perfecta para que el mundo no sea exactamente tal como nos gustaría que fuera.

El estado del mundo es un reflejo del estado de nuestra mente.

No hay nada por qué preocuparse. ¡Nunca! O puedes controlar la situación o no puedes. Si puedes toma el control. Si no, olvídalo. No malgastes tu energía pre-ocupandote.